lunes, 15 de diciembre de 2014


Pescado ¿no tan sano?

“Según los activistas medioambientales, los criaderos de pescado son los responsables de una catástrofe sanitaria a gran escala”, con esta contundente declaración comienza Pescado, ¿no tan sano?; trabajo de investigación donde se denuncian las actuaciones de una descontrolada piscicultura y de una sobrexplotación de recursos marinos, responsables de verter un peligroso cóctel de productos químicos sobre un alimento que va directo a nuestros platos.

Dicho vídeo "Pescado, ¿No tan sano?"nos enseña una triste realidad cada vez más frecuente en el mundo de la alimentación.

El problema no es la insalubridad del pescado en sí, es el modo en que los criamos, los alimentamos, los tratamos y medicamos para ser distribuidos y a gran escala y sacar un mayor beneficio al venderlo.
Este problemático modo de explotar la cría de pescado se desarrolla en piscifactorías.
Las piscifactorías son fábricas de peces, cuyo objetivo es satisfacer una mayor demanda de peces para consumo humano, donde generalmente se crían salmones, anguilas y truchas dentro de tanques que se encuentran tanto en tierra firme dentro de naves industriales como en mar abierto.
En las naves en tierra, el crecimiento de los peces se altera mediante el control de la luz, dejando los tanques en completa oscuridad para posteriormente aplicar intensas luces que hagan creer a los peces que están en su estación de crecimiento.
La alimentación es siempre alta en proteínas con el único objetivo de hacerles ganar peso en el menor tiempo posible, para transcurridas varias semanas asesinarlos y venderlos. En un mismo tanque pueden haber hasta 50.000 salmones, y mucho mas en el caso de las truchas. Estos les causa muchas enfermedades, principalmente afectando al páncreas. Suelen tener heridas y los parásitos acaban por comérselos vivos.
A pesar de que se les administran antibióticos, entre el 20 y el 50% mueren por enfermedades como el cáncer. Al ser confinados en tanques, se convierten en agresivos, se hacen heridas, muestran deformidades e infecciones, desarrollan cataratas que acaban dañando sus corneas, quedándose ciegos y sangrando por los ojos. El consumo mundial de pescado se ha duplicado en los últimos 40 años, dicho aumento de la demanda ha generalizado métodos de producción intensiva los cuales están bordeando los límites de la seguridad sanitaria.
La superpoblación provoca infinidad de parásitos y enfermedades, que se combaten con vertidos de antibióticos y productos tóxicos a las aguas. “En mis granjas hay cien millones de pangas. Hay más peces en mis estanques que habitantes en todo Vietnam”, afirma orgulloso este productor que suministra a Europa el 95% de las pangas que consumimos.

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